Desarrollo de producto
Packaging alimentario

Tres contenedores de tarrinas para helado, cinco marcas españolas y una crisis de color que casi paraliza una temporada entera

200.000

UNIDADES

5

MARCAS

0

DEVOLUCIONES

100%

TEMPORADA

El cliente

Una empresa española de distribución de envases con presencia en el canal de alimentación y heladería artesanal fundada en 1998 con una facturación anual de más de 40 millones de euros. Suministraban vasos de papel a varias marcas de helado de tamaño mediano distribuidas principalmente en el mercado nacional.

No era su primera importación desde China, pero sí la más grande que habían intentado: tres contenedores de 40 pies high cube con tarrinas de diferentes formatos y capacidades para abastecer a cinco clientes distintos con especificaciones de producto diferenciadas.

El perfil del comprador es habitual en este tipo de operación: empresa con experiencia en el sector, conocimiento del producto final, pero sin proceso ni estructura propia para gestionar una importación a esta escala desde Asia. Habían comprado antes en Europa y sabían lo que necesitaban.

El reto

Las tarrinas para helado son un envase de contacto alimentario. Eso significa que la operación no se podía tratar como una importación de producto genérico. Cada formato tenía que cumplir la normativa europea de materiales en contacto con alimentos (Reglamento CE 10/2011 sobre plásticos), con los requisitos de migración de sustancias y con los estándares de las marcas clientes, que en algunos casos tenían especificaciones propias adicionales.

Las capas de complejidad eran las siguientes:

El volumen.

Tres contenedores de 40HQ no es un pedido de prueba: es un compromiso de inventario que ata la tesorería del cliente durante meses y que, si sale mal, no tiene solución rápida.

El tiempo de reposición desde China es de tres meses como mínimo. Para una empresa que abastece a marcas de helado, eso significa perderse una temporada entera.

El color.

Y había una tercera variable que en ese momento nadie en la ecuación consideró como riesgo: el color de las tarrinas. Las marcas clientes habían validado muestras en tonos blancos y crema estándar.

Lo que nadie había preguntado era de dónde venía el papel auxiliar que se usaba en el proceso de fabricación. En China, desde hace años, la tala de madera para papel está severamente restringida.

Los fabricantes de packaging plástico utilizan bambú como material fibroso en determinadas fases del proceso de producción. El bambú, dependiendo del proceso de blanqueo, puede dejar una ligera tonalidad verdosa en las piezas acabadas. No afecta a las propiedades del envase.

No afecta a la seguridad alimentaria. Pero es visible. Nadie lo había especificado como criterio de rechazo porque nadie lo había anticipado como variable.

Cuando llegaron los tres contenedores a España y las marcas vieron las tarrinas, algunas de ellas quisieron rechazarlas.

Lo que hicimos

1

Fase 1: selección del proveedor.

Identificamos cuatro fabricantes con experiencia en exportación a Europa en las provincias de Zhejiang y Guangdong, que concentran la mayor parte de la producción de packaging plástico para alimentación con salida al mercado europeo.

De los cuatro, descartamos dos en la primera fase de verificación documental: uno no tenía certificación de sistema de gestión de calidad aplicable a contacto alimentario, y el otro tenía un historial de exportación centrado exclusivamente en el mercado asiático, sin experiencia previa con las exigencias técnicas del mercado europeo.

De los dos restantes, seleccionamos al fabricante de Zhejiang por tres razones concretas: tenía expedientes de migración de materiales realizados para clientes franceses y alemanes en los dos años anteriores, su equipo técnico conocía el Reglamento CE 10/2011, y había gestionado pedidos multiSKU de volumen comparable para distribuidores europeos con formatos diferenciados en el mismo pedido.

Pedimos muestras de los formatos requeridos antes de confirmar el pedido. Las muestras pasaron los controles visuales y dimensionales del cliente.

Lo que ninguno evaluamos en ese momento, porque no estaba en el protocolo estándar para este tipo de producto, fue la procedencia del material fibroso auxiliar y su efecto sobre el color final de las piezas en producción a escala. Las muestras se habían fabricado en condiciones de pequeña producción. El color en producción masiva con bambú puede variar ligeramente respecto a las muestras de validación. Es un factor conocido en el sector del packaging chino. No lo teníamos en el protocolo de aquella operación.

2

Fase 2: visita de fábrica y construcción de relación.

El cliente quiso ir a China. No solo para ver la fábrica, sino para conocer a las personas con las que iba a trabajar. Es una decisión que recomiendo siempre que el volumen lo justifica: una relación humana con el fabricante vale más que cualquier cláusula de contrato cuando aparece un problema.

Organizamos la visita en dos partes. Primero, dos días en la fábrica de Zhejiang: reunión técnica con el equipo de producción, revisión de la línea de fabricación, verificación del proceso de control de calidad interno y firma del contrato técnico con las especificaciones acordadas como anexo vinculante.

Después, tres días en Shanghai. No es turismo de relleno: es parte del proceso. Visitar Shanghai con un cliente que va a China por primera vez cambia su percepción del mercado, del país y de las personas con las que trabaja.

Vuelven a España con un contexto que no se puede transmitir por email. Eso afecta directamente a cómo gestionan los problemas que aparecen después, porque ya no están hablando con un proveedor abstracto al otro lado del mundo.

En este caso, esa relación fue determinante cuando llegó la crisis.

3

Fase 3: producción, documentación y embarque.

La fabricación transcurrió dentro del plazo acordado. El seguimiento incluyó dos reportes de estado durante el proceso productivo y una inspección pre-embarque cuando los tres contenedores estaban listos para cargar.

La documentación de la operación incluía: certificados de análisis de migración de materiales conforme al Reglamento CE 10/2011, declaración de conformidad del fabricante, fichas técnicas de los materiales utilizados, certificado de origen y la documentación comercial estándar para el despacho aduanero en España.

El embarque salió en plazo desde el puerto de Shanghai. El tránsito hasta el puerto de destino en España transcurrió sin incidencias. La mercancía llegó correctamente.

4

Fase 4: la crisis en destino.

Cuando el cliente abrió los contenedores y distribuyó las muestras entre sus cinco marcas clientes, dos de ellas plantearon inmediatamente el rechazo de la mercancía. El motivo: el tono ligeramente verdoso de las tarrinas no correspondía a lo que habían validado en las muestras previas.

Técnicamente, las tarrinas cumplían con todas las especificaciones acordadas. La migración de materiales estaba dentro de los límites del Reglamento CE 10/2011. Las dimensiones eran correctas. La resistencia mecánica era la especificada. El color, sin embargo, no estaba recogido como criterio de aceptación con tolerancias definidas en el contrato. Era una variable que ninguna de las partes había cuantificado.

Mi trabajo en esta fase fue simultáneo en dos frentes.

  1. Con el fabricante: activé la relación directa con el director comercial de la fábrica, con quien el cliente había cenado en Shanghai tres semanas antes. Le expliqué la situación con detalle y le pedí documentación técnica adicional que explicara el origen del tono: el proceso de producción con fibra de bambú, la razón de su uso, y la confirmación de que no tenía ningún efecto sobre la seguridad alimentaria ni sobre las propiedades del envase. Esa documentación llegó en 48 horas. Sin la relación personal previa, habría tardado más y habría tenido menos detalle.
  2. Con las marcas: preparé con el cliente una presentación técnica dirigida a los departamentos de calidad de las marcas que querían rechazar. El argumento central era claro: el tono verdoso es consecuencia de un proceso productivo legal y verificado, no de un defecto de fabricación. Las tarrinas cumplen la normativa europea de contacto alimentario. El bambú como materia prima es un material más sostenible que el papel de madera. Y las propiedades del envase —que es lo que protege el helado— son exactamente las acordadas.

La negociación fue larga. Una de las marcas aceptó relativamente rápido, con un descuento pactado sobre el precio de ese lote como compensación por la desviación visual no especificada. Las otras dos tardaron más: hubo reuniones técnicas, petición de informes adicionales, y en un caso, una segunda visita a las instalaciones del cliente con toda la documentación desplegada.

Al final, los tres contenedores se aceptaron. Ninguna tarrina fue devuelta a China. La mercancía entró en producción y abasteció la temporada de verano de las cinco marcas.

El resultado

Mercancía entregada: 3 contenedores de 40HQ, aproximadamente 200.000 unidades según formatos, abasteciendo cinco marcas españolas del sector heladería.

Plazo cumplido: La mercancía llegó en la ventana de tiempo necesaria para la temporada de verano. Un retraso de seis semanas habría significado llegar fuera de temporada para al menos dos de las cinco marcas.

Crisis resuelta sin devolución: El escenario alternativo —devolución de la mercancía a China, reposición y nuevo envío— habría supuesto un mínimo de tres meses adicionales, el coste del flete de retorno y la producción de un nuevo lote, más la pérdida de la temporada para los clientes afectados. El coste total de ese escenario habría superado con creces el descuento negociado para cerrar la crisis.

Relación con el fabricante preservada: El proveedor no asumió responsabilidad sobre una variable que no estaba especificada en el contrato. Pero colaboró con toda la documentación técnica necesaria para resolver la situación. Eso fue posible porque la relación era personal, no solo comercial.

Lección incorporada al protocolo: Desde esta operación, el color de las piezas acabadas con tolerancias definidas es un criterio de aceptación estándar en el contrato para cualquier pedido de packaging plástico que gestionamos. La especificación de color no es opcional. Y la procedencia de los materiales auxiliares del proceso de fabricación es una pregunta que hacemos antes de validar la muestra, no después.

Por qué Atlas

En esta operación, lo que aportamos no fue encontrar al proveedor correcto. Eso lo puede hacer cualquiera con tiempo y acceso a las bases de datos adecuadas. Lo que aportamos fue lo que ocurrió después de que llegaron los contenedores.

Cuando las marcas quisieron rechazar la mercancía, el cliente tenía un problema que no sabía resolver solo: técnicamente tenía razón, pero necesitaba traducir esa razón técnica en un argumento que convenciera a departamentos de calidad con poco apetito por el riesgo y presión de sus propios equipos de marketing. Y necesitaba hacerlo rápido, antes de que la situación escalara.

Tener la documentación fue necesario. Saber cómo usarla, con quién hablar primero, qué ceder y qué no ceder en la negociación, fue lo que cerró la operación. Eso viene de haber gestionado situaciones parecidas antes, no de haber leído sobre ellas.

Y la llamada al fabricante que llegó en 24 horas con toda la documentación técnica que necesitábamos: eso llegó porque el director comercial de esa fábrica había cenado con nosotros en Shanghai tres semanas antes. Las relaciones en China no son un extra del servicio. Son parte del servicio.

Jorge Monera, fundador de Atlas Overseas

Jorge Monera
Fundador y director de Atlas Overseas
Más de 20 años gestionando operaciones industriales entre China y Europa

Si importas packaging de contacto alimentario desde China, hay tres preguntas que deberías hacer antes de validar cualquier muestra:

¿Qué materiales auxiliares se usan en el proceso de fabricación?

No solo el material del producto final. El proceso completo. El bambú, los pigmentos, los aditivos de proceso: todos pueden afectar el resultado visual o técnico del producto acabado.

¿Tienes el color especificado con tolerancias en el contrato?

«Color blanco» no es una especificación. Una escala de color con tolerancia medible sí lo es. Si no está en el contrato, no tienes base técnica para rechazar ni para negociar.

¿Qué ocurre si tus clientes finales rechazan la mercancía?

No es una pregunta que nadie quiere hacerse antes de firmar el pedido. Es exactamente la que deberías hacerte, porque si la respuesta es «no lo sé», necesitas a alguien que haya estado en esa situación antes.

Una importación bien gestionada no es la que no tiene problemas. Es la que tiene los recursos para resolverlos cuando aparecen.

¿Tienes un proyecto de packaging o envases desde China y quieres evitar este tipo de situaciones desde el principio?